En 2016, Alicia, una madre trabajadora, se dio cuenta de que tenía un problema cuando su hija le manifestó que no le gustaba que oliera siempre a alcohol. Esa fue su primera señal. Todo comenzó, debido al ritual de servirse una copa de vino cada noche al llegar a casa y muy pronto desarrolló un problema severo de adicción. A los pocos meses perdió el trabajo, a los pocos años se divorció y en su peor época terminaba ebria cada día a primera hora de la tarde.

A pesar de que hoy en día existen cada vez más organizaciones que se preocupan por los derechos de la mujer en la sociedad, pocos luchan por cambiar algunos sedimentos machistas  que siguen “ocultos”, se manifiestan silenciosamente y no colaboran a su recuperación.  Uno de ellos es el consumo de alcohol que es percibido diferente en cada sexo. En España, el 84% de la población total consume alcohol y dentro de ese porcentaje, la tendencia de las mujeres es creciente.

La principal diferencia es que socialmente el hombre es más tolerado por tener adicción al alcohol que el sexo femenino. Este concepto estigmatiza y condena a la mujer que toma alcohol. Por esta razón, la mujer con tendencia al abuso de alcohol siente soledad y frustración, algo que profundiza en una realidad incómoda y que lleva a la soledad y aislamiento, aspectos que dificultan la detección del problema.

El sexo “vulnerable” al alcohol

El estudio realizado por el National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism, habla acerca de que a nivel fisiológico, el alcohol afecta de peor manera a las mujeres que a los hombres. La mujer tiene más dificultades al absorber sustancias alcohólicas porque posee más niveles de grasa en el cuerpo,  a diferencia de los hombres que tienen más agua que permite una mejor asimilación. Esta diferencia le provoca en las mujeres problemas físicos más tempranos, con menores cantidades de alcohol ingeridos. Entre los riesgo que pueden desarrollar están los problemas hepáticos,  cáncer de mama, más posibilidades de sufrir deficiencias y enfermedades cardiacas y por último, daños cerebrales más rápidos y severos que los hombres.

El rol clave de la  familia

A diferencia del hombre, que es más “acompañado” socialmente en el tratamiento, la mujer le cuesta pedir auxilio por el rechazo que se genera en su propio núcleo familiar y círculo social.  Tanto es así, que muchas veces el Estado ante situaciones familiares en donde la madre sufre una adicción, considera rápidamente quitarle la custodia de los hijos y éstas callan por el temor de que ocurra.  Entonces… ¿cómo puede un familiar o persona cercana ayudar a una mujer que sufre  por el alcohol en una sociedad juzgadora?

Por otro lado, seguimos viviendo en una sociedad donde la equiparación de las tareas en la casa entre el hombre y la mujer no son equitativas, mientras que la mujer sí ha tenido que adaptarse de manera plena al mercado laboral. Esta situación no solo lleva a las mujeres a buscar en el alcohol un buen ansiolítico, si no que dificulta ofrecer a la mujer soluciones por parte del sistema sanitario. En este sentido, es común que la mujer presente dificultades para encontrar un hueco en su día para enfrentar el problema, como acudir a grupos de ayuda del programa Ayúdate-ayúdanos. La buena noticia, es que una vez una mujer se inicia en el proceso de recuperación, sus tasas de éxito son muy altas.

Existen organizaciones sociales como Inrecovery,  que asumen  la responsabilidad con la  comunidad de asistir brindando información  certera y valiosa a las personas cercanas o familiares de un adicto al alcohol. Los ayudan dándoles información  para que ellos puedan  acompañar a la persona  durante el tratamiento. Esto sin duda acelera la mejora del enfermo, pero se deben buscar las fuentes correctas.